El Pincel Mágico

Un pincel antiguo da vida a todo lo que pintas — pero cuando una tormenta pintada escapa del lienzo, debes encontrar la forma de detenerla.

Amas el arte más que nada. Todos los días después de la escuela te sientas en tu cuarto a dibujar pájaros, castillos y tierras lejanas mientras tu mejor amigo Marco juega básquetbol afuera. Tus cuadernos de dibujo están apilados tan alto en tu escritorio que tu mamá amenaza con reciclarlos.

'Juro que un día de estos lo voy a hacer,' dice siempre, pero nunca lo hace, porque hasta ella admite que tus dibujos se están poniendo muy buenos. 'Un día la gente va a pagar dinero por esto,' te dijo la semana pasada, revolviéndote el pelo.

'Un día,' te susurraste a ti mismo después de que se fue, 'van a saber mi nombre.' Sueñas con ser un artista famoso algún día, del tipo cuyas pinturas hacen que la gente se detenga a mirar.

Este sábado tu mamá te arrastra al Mercado de Pulgas de Millbrook, que normalmente es el lugar más aburrido de la Tierra. '¿No puedo quedarme en casa dibujando?' te quejaste en el carro. 'No,' dijo ella. 'Aire fresco. Cosas viejas. Construye carácter.'

Pero hoy, algo en una de las mesas te llama la atención — un pincel con un mango tallado en madera oscura, escondido entre una trompeta oxidada y una pila de discos viejos. 'Guau,' respiras, tomándolo. La madera se siente extrañamente tibia. '¿De dónde saliste?'